El miedo aparece cuando emprender parece una misión enorme.

Hay una sensación muy concreta que aparece justo antes de empezar algo importante. No siempre hace ruido. A veces se presenta como cansancio, como confusión o como esa necesidad urgente de “pensarlo un poco más”. Otras veces se disfraza de perfeccionismo: la web todavía no está lista, la idea aún no está del todo clara, falta formación, experiencia, tiempo.

Pero debajo de todo eso suele haber lo mismo: miedo.

Y cuando hablamos de superar el miedo a emprender, muchas veces imaginamos que la solución pasa por ganar seguridad, motivación o confianza. Como si existiera un momento exacto en el que una persona se sintiera finalmente preparada para lanzarse. La realidad, sin embargo, suele ser bastante menos épica y mucho más humana.

La mayoría de las personas no empiezan cuando desaparece el miedo. Empiezan cuando encuentran una forma de avanzar sin quedar aplastadas por él.

Ahí es donde entra una idea sencilla, pero profundamente transformadora: fraccionar.

Porque uno de los grandes problemas al emprender es que intentamos sostener mentalmente todo el proyecto a la vez. Queremos visualizar el negocio funcionando, entender cómo conseguiremos clientes, calcular si podremos vivir de ello, anticipar cada error posible y resolver dudas que todavía ni siquiera pertenecen al presente. El cerebro recibe entonces una montaña enorme, difusa e incierta. Y hace exactamente lo que haría cualquiera frente a una montaña imposible de subir de un salto: se bloquea.

No porque no seas capaz. Sino porque estás intentando abarcar demasiado de golpe.

Esta reflexión forma parte de El Camino del Sí Puedo

Un programa para mujeres con impulso emprendedor; para juntas pasar del miedo a la acción.

Esta reflexión forma parte de El Camino del Sí Puedo

Un programa para mujeres con impulso emprendedor; para juntas pasar del miedo a la acción.