Hay días en los que te sientas delante del ordenador con una lista de tareas clara, tiempo suficiente y un objetivo importante entre manos. Sabes lo que tienes que hacer. Incluso sabes cómo hacerlo. Sin embargo, pasan las horas y no avanzas.
Revisas el correo por quinta vez. Ordenas carpetas. Cambias el diseño de tu web. Buscas información que realmente no necesitas. Y al final del día aparece una sensación incómoda: frustración, culpa y la impresión de que algo no funciona en ti.
Muchas personas emprendedoras interpretan estos momentos como falta de disciplina, pereza o desorganización. Pero ¿y si el problema fuera otro? ¿Y si detrás de ese aparente desinterés se escondiera un mecanismo de protección mucho más profundo?
En muchos casos, el bloqueo al emprender no tiene nada que ver con la capacidad o la motivación. Tiene que ver con el miedo.
El bloqueo al emprender no siempre se parece al miedo
Cuando pensamos en el miedo solemos imaginar algo evidente: nervios, inseguridad o preocupación constante. Sin embargo, el miedo rara vez se presenta de forma tan clara cuando estamos construyendo un proyecto propio.
A menudo adopta disfraces mucho más sofisticados.
Puede parecer perfeccionismo cuando dedicas semanas a pulir algo que ya está listo para salir. Puede parecer procrastinación cuando pospones una decisión importante. Puede parecer apatía cuando pierdes de repente el entusiasmo por una idea que hasta hace poco te ilusionaba.
El cerebro tiene un objetivo prioritario: mantenernos a salvo. Y cuando percibe una amenaza, aunque sea emocional, activa mecanismos para evitarla.
El problema es que emprender implica exponerse constantemente a situaciones que nuestro sistema nervioso puede interpretar como riesgos:
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Mostrar nuestro trabajo públicamente.
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Vender.
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Cobrar por nuestros servicios.
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Recibir críticas.
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Equivocarnos.
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Tener éxito y asumir más responsabilidad.
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Tomar decisiones sin garantías.
Por eso, muchas veces el miedo no aparece como miedo. Aparece como una resistencia silenciosa que nos aleja precisamente de aquello que más queremos conseguir.
Esta reflexión forma parte de El Camino del Sí Puedo
Un programa para mujeres con impulso emprendedor; para juntas pasar del miedo a la acción.
Esta reflexión forma parte de El Camino del Sí Puedo
Un programa para mujeres con impulso emprendedor; para juntas pasar del miedo a la acción.
Cómo identificar un bloqueo al emprender provocado por el miedo
No todo retraso es un bloqueo emocional. A veces simplemente estamos cansadas, necesitamos descansar o tenemos prioridades diferentes. Sin embargo, existen algunas señales que suelen indicar que hay miedo detrás de la dificultad para avanzar.
Una de ellas es saber exactamente cuál es el siguiente paso y aun así no darlo.
Otra señal frecuente es mantenerte ocupada en tareas secundarias mientras evitas las acciones realmente importantes. Es decir, trabajar mucho pero avanzar poco.
También es habitual experimentar pensamientos como:
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«Todavía no estoy preparada.»
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«Necesito aprender un poco más antes de lanzarme.»
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«Cuando tenga más claridad empezaré.»
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«Seguro que hay alguien que lo hace mejor que yo.»
A simple vista parecen razonamientos lógicos. Sin embargo, muchas veces funcionan como una barrera para evitar la incomodidad que implica actuar.
El miedo puede adoptar diferentes formas:
Miedo al fracaso. Si no lo intentas, no puedes equivocarte.
Miedo al rechazo. Si no te expones, nadie puede juzgarte.
Miedo al éxito. Si las cosas funcionan, tendrás que sostener nuevas responsabilidades.
Miedo a decepcionar. Especialmente frecuente en personas muy exigentes consigo mismas.
Lo curioso es que, independientemente de la forma que adopte, el resultado suele ser el mismo: inmovilidad.
Y cuanto más tiempo permanece ese patrón, más fácil resulta concluir que el problema eres tú, cuando en realidad estás respondiendo a una emoción que no has identificado todavía.
Superar el bloqueo al emprender empieza por comprender lo que ocurre
La mayoría de los consejos sobre productividad parten de una premisa equivocada: asumir que el problema es la falta de voluntad.
Por eso muchas personas intentan resolver su situación con más planificación, más disciplina o más presión.
Sin embargo, si el origen del bloqueo es emocional, añadir exigencia suele empeorar el problema.
Imagina que una parte de ti percibe una situación como peligrosa. Si respondes obligándote a avanzar a base de críticas internas, tu sistema de alarma no se desactiva. Al contrario, se intensifica.
El primer paso para superar un bloqueo al emprender consiste en desarrollar curiosidad hacia lo que está ocurriendo.
Cuando notes resistencia ante una tarea importante, prueba a preguntarte:
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¿Qué es exactamente lo que estoy evitando?
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¿Qué temo que ocurra si doy este paso?
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¿Qué podría pasar si esto sale bien?
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¿Qué historia me estoy contando sobre mí misma en este momento?
Estas preguntas permiten acceder a la emoción que está detrás del comportamiento.
Muchas veces descubrirás que la procrastinación no era falta de compromiso. Era miedo a exponerte.
Que la apatía no era desinterés. Era agotamiento emocional.
Que el perfeccionismo no era excelencia. Era miedo a equivocarte.
Nombrar aquello que ocurre reduce gran parte de su poder.
Porque es mucho más fácil trabajar con un miedo identificado que luchar contra una supuesta falta de capacidad.
Cuando es la acción imperfecta lo que acaba desbloqueando
Existe una idea muy extendida en el mundo del emprendimiento: primero necesitas sentirte preparada y después actuar.
La realidad suele funcionar al revés.
La confianza rara vez aparece antes de la acción. La confianza se construye gracias a la acción.
No esperas a sentirte completamente segura para publicar tu contenido, lanzar tu servicio o mantener esa conversación difícil. Lo haces con cierto grado de incomodidad y, poco a poco, tu cerebro aprende que puede sobrevivir a ello.
Cada acción envía una señal poderosa al sistema nervioso:
«Esto da miedo, pero no es peligroso.»
Por eso, cuando existe un bloqueo emocional, los pasos pequeños suelen ser más efectivos que los grandes planes.
No necesitas lanzar todo tu proyecto hoy.
Necesitas enviar ese correo.
Publicar ese post.
Grabar ese vídeo corto.
Tener esa llamada pendiente.
Dar el siguiente paso disponible.
Nada más.
La acción imperfecta tiene una ventaja enorme: rompe el ciclo de evitación. Y una vez que ese ciclo se rompe, el movimiento genera más movimiento.
Si últimamente te has etiquetado como perezosa, desmotivada o poco constante, quizá merezca la pena contemplar otra posibilidad.
Quizá no te falta disciplina.
Quizá no te sobra pereza.
Quizá estás experimentando un bloqueo al emprender que tiene más relación con el miedo de la que imaginas.
Y si ese es el caso, la solución no pasa por exigirte más. Pasa por comprender qué intentas proteger, reconocer la emoción que está debajo y seguir avanzando, aunque sea con pasos pequeños.
Porque muchas veces, detrás de la procrastinación, no hay una persona incapaz de actuar.
Hay una persona valiente aprendiendo a convivir con el miedo mientras construye algo importante.
